Las personas ordenadas como ancianas gobernantes y la práctica de la oración
Acerca de las personas ordenadas como ancianas gobernantes: Una serie mensual para servir fielmente
La vida es bella y a la misma vez difícil. En cada estación, sin embargo, Dios permanece cerca y no nos abandona. En Mateo 28:20, las últimas palabras de Jesús afirman su presencia duradera y dadora de vida. Por eso, nuestra conexión con Dios es esencial para nuestra vida individual y para nuestra vida en comunidad como iglesia.
Las personas ordenadas como ancianas gobernantes han sido llamadas a un ministerio que incluye algunos de los días más significativos y desafiantes, reuniéndose para responder a las necesidades tanto de la congregación como de la comunidad en general. Existen decisiones sobre el presupuesto, la dirección, el alcance y el cuidado de la congregación, así como oportunidades para ayudar a planificar la adoración y fortalecer los ministerios que forman a las personas del discipulado de todas las edades.
Al servir juntos como parte del consistorio de la iglesia, hay muchas situaciones que requieren un discernimiento sabio y fiel. En esos momentos, es fácil creer que se necesita un recurso más, un marco más o un plan más para tomar la decisión correcta en una época marcada por el cambio constante, el trauma y la incertidumbre. Los consultores, los libros y los planes estratégicos pueden ser valiosos. Sin embargo, junto a estas herramientas, se nos ha dado una práctica antigua que continúa siendo esencial para el ministerio al que estamos llamados.
Esa práctica es la oración. Por la fuerza del Espíritu Santo, la oración nos lleva a la comunión con Dios. Es una de las formas principales en las que experimentamos la presencia amorosa de Dios y buscamos dirección para nuestras vidas y para la vida de la iglesia. En la oración, se nos recuerda en lo más profundo de nuestro ser que somos amados sin medida y se nos invita a confiar en Dios sin temor.
La oración es una práctica comunitaria. Nos abre al amor profundo de Dios por nosotros y por el mundo, incluso en medio del miedo y la ansiedad. La oración nos enseña a confiar en Dios tanto en los momentos bellos como en los momentos difíciles de la vida. Teniendo esto en cuenta, consideremos tres dimensiones de la oración comunitaria: la vida de oración personal, la oración dentro de la comunidad de fe y la oración con otros más allá de ella.
La oración puede acercarnos más a Dios y clarificar nuestro propósito. Al comienzo de mi ministerio, una persona ordenada como anciana gobernante me preguntó amablemente sobre mi vida de oración. Respondí algo desconcertado: "¿Qué quieres decir?". Me preguntó: "¿Pasas tiempo con Dios cada día?". Aquella conversación marcó el inicio de un compromiso más profundo con la oración a primera hora de la mañana. Incluso en la soledad, la oración sigue siendo comunitaria, porque me presento ante Dios llevando no solo mi propia vida, sino también la de los demás. Con el tiempo, he llegado a apreciar esta parte del día. Es un momento para poner los pies en la tierra y presentar a Dios las realidades de mi vida, incluyendo la ansiedad, el miedo y la alegría.
La oración es esencial para la vida y el ministerio de la congregación. En una iglesia en la que serví antes de mi llamado al ministerio denominacional, el consistorio seguía una práctica significativa antes de cualquier decisión importante: Separábamos un día entero para la oración. Era un tiempo para escuchar a Dios y a los demás mientras discerníamos lo que Dios ya estaba haciendo en nuestra comunidad y si una decisión propuesta —ya estuviera relacionada con el alcance, las instalaciones u otra iniciativa significativa— estaba alineada con ese trabajo.
La oración es para todas las personas. Esto lo aprendí de forma inolvidable durante un viaje de mochilero con un grupo de una iglesia en la que servía. Una vez al mes, alrededor de diez personas nos íbamos de excursión a las montañas de Tennessee, Georgia y Carolina del Norte. Todas las noches compartiamos la cena, contábamos historias y orábamos juntos. En uno de estos viajes, una joven que estaba haciendo el sendero de los Apalaches acampó cerca. La invitamos a cenar con nosotros, y se quedó tanto para la comida como para nuestro tiempo de compartir y de oración. A la mañana siguiente se marchó antes del amanecer, pero dejó una nota que decía: "Gracias por el compartir de anoche; fue mi primera experiencia de comunidad cristiana en meses".
Mi oración es que su ministerio traiga vida, consuelo y esperanza a su congregación y a la comunidad que les rodea.
Para reflexionar:
- Puesto que la oración es presentarse ante Dios con nuestra vida y la vida de los demás, ¿cuándo usted pausa en el día para simplemente detenerse a experimentar el amor y el propósito de Dios para su vida y las vidas de las personas que le rodean? ¿Cómo describiría ese tiempo de soledad?
- ¿Cómo oran juntos por las necesidades de la congregación y de la comunidad a la que sirven como liderazgos de la iglesia?
- Comparta cómo ha vivido la oración con otras personas de la comunidad. Quizá haya tenido una experiencia similar a la descrita en la historia del viaje mochilero. O tal vez haya participado en una caminata de oración, simplemente caminando por su comunidad y orando por las personas, hogares y negocios alrededor.
Ray Jones es el director de Desarrollo de liderazgo en Vida y Testimonio Presbiteriano, una agencia de la Iglesia Presbiteriana (EE. UU.). Ha servido en iglesias en Mississippi, Alabama y Georgia. Ray está comprometido con un ministerio del evangelio que equipa y forma a los seguidores de Jesús para que participen en la misión de justicia y esperanza de Dios. Pasar tiempo con su familia, hacer senderismo por las montañas y disfrutar de momentos a solas le renuevan el alma. Ha recibido formación y educación en la Universidad de Furman y en el Seminario Teológico de Columbia.
A lo largo del 2026, estos artículos mensuales se enfocarán en algunos de los aspectos fundamentales del servicio de las personas ordenadas como ancianas gobernantes y del liderazgo espiritual en la Iglesia Presbiteriana (EE. UU.).
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