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Presbyterian News Service

Las personas ordenadas como ancianas gobernantes y la mayordomía

Acerca de las personas ordenadas como ancianas gobernantes: Una serie mensual para servir fielmente

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September 15, 2026

Olanda Carr

Presbyterian News Service

Las personas ordenadas como ancianas gobernantes deben “ejerce[r] el liderazgo, el gobierno, el discernimiento espiritual y la disciplina, y t[ener] responsabilidades en la vida de [una] congregación” (Libro de Orden, G-2.0301). En muchas congregaciones, estas responsabilidades se traducen directamente en posiciones de liderazgo en varios comités dentro de la iglesia. Y si bien algunas labores en comités y consistorios son deseadas y procuradas, otras no lo son. Las cuestiones de la mayordomía suelen formar parte de esta última categoría.

A menudo se evita el tema de la mayordomía debido a su tendencia de incomodar a las membresías. De hecho, pocas cosas incomodan más a las membresías de la iglesia que el hecho de ser cuestionadas sobre las decisiones y prácticas financieras. Con todo, se podría argumentar que tales funciones incómodas de la mayordomía están en completa armonía con el llamado de la persona ordenada como anciana gobernante. Después de todo, las buenas prácticas de mayordomía suelen centrarse en el discernimiento espiritual, lo cual está directamente relacionado con las responsabilidades de las personas ordenadas como ancianas gobernantes. Para aliviar esta sensación de incomodidad, la clave consiste en que las personas ordenadas como ancianas gobernantes se sientan cómodas con sus propias prácticas de mayordomía para facilitar un liderazgo eficaz de los demás dentro de la congregación.

Para desarrollar esa comodidad, se puede animar a las personas ordenadas como ancianas gobernantes y a otras personas involucradas en el ministerio de mayordomía a que exploren su propia teología de la mayordomía. Una teología de la mayordomía, en pocas palabras, define la visión de una persona sobre lo que significa ser un mayordomo generoso y fiel. Para comprender plenamente la perspectiva de alguien, es importante entender primero los principios y filosofías formativas que ayudaron a moldear sus puntos de vista actuales. Si bien esta tarea generalmente requiere un análisis significativo arraigado en la oración, el estudio y el discernimiento bíblicos, y los cambios prácticos, a menudo comienza con algunas preguntas de reflexión.

¿Cuál es su recuerdo más antiguo sobre la generosidad? 
Si bien se usaba anteriormente el término “mayordomía”, dicha palabra es muy “eclesiástica”. Algunas personas han estado expuestas al vocablo “mayordomía” a lo largo de los años como participantes activos en la iglesia, pero otras quizás no se criaron en la iglesia. Para estas últimas, la participación eclesiástica, la membresía y la ordenación pueden ser el resultado de una afiliación eclesiástica más reciente. Por lo tanto, el vocablo “generosidad” puede ser mucho más inclusivo, ya que ciertamente no se limita a la participación en la iglesia. Por ello, las respuestas a esta pregunta inicial varían; algunos pueden recordar haber puesto una moneda o un billete en un plato de colectas. Otros pueden recordar un ejemplo de intercambio de recursos en su vecindario o comunidad. De cualquier manera, estos primeros recuerdos importan, ya que dan fundamento a las perspectivas sobre la generosidad y la mayordomía.

¿Quién le enseñó a dar? 
¿Por qué da [donativos] a la iglesia?
Estas dos preguntas están relacionadas y son de igual importancia, ya que también revelan perspectivas fundamentales sobre la generosidad y arrojan luz adicional sobre la teología personal de la mayordomía. Al identificar a las personas que nos enseñaron a dar, comenzamos a desentrañar a los mentores en nuestras vidas que ayudaron a formar nuestra conexión con “las cosas”. Por ejemplo, los recuerdos de seres queridos que nos enseñaron que las posesiones están destinadas a ser compartidas son muy diferentes de los recuerdos de personas que nos dieron un ejemplo de acumulación compulsiva. Esas visiones tan divergentes suelen dar lugar a prácticas muy distintas en lo que respecta a la compartición de recursos: tiempo, talentos y bienes. Asimismo, la pregunta final sobre el motivo de sus donaciones puede ser reveladora.

Lo ideal es que las personas ordenadas como ancianas gobernantes y las membresías contribuyan económicamente a su congregación para apoyar el ministerio y la misión, y no meramente para alfombras, sistemas de climatización y otros “bienes materiales”. Cuando la mayordomía se convierte únicamente en un medio para sufragar los gastos de mantenimiento de la iglesia, ha perdido su verdadero significado. La mayordomía debe considerarse una disciplina espiritual, cuyas prácticas buscan satisfacer tanto las necesidades prácticas como las de inspiración. Las personas ordenadas como ancianas gobernantes pueden reforzar la conexión entre la ofrenda y el ministerio.

El liderazgo de mayordomía puede ser una oportunidad para desarrollar aun más el entendimiento de las personas discípulas en el cuerpo, ayudando a cada una a identificar una teología de mayordomía que edifique y promueva el ministerio de Jesucristo.

Para reflexionar:
•    ¿Cuál es su recuerdo más antiguo sobre la generosidad?
•    ¿Quién le enseñó a dar? 
•    ¿Por qué da [donativos] a la iglesia?
•    ¿Qué ha aprendido sobre su propia teología de la mayordomía y cómo puede eso impactarle como líderazgo espiritual?


Olanda Carr Jr. es un anciano gobernante de la Primera Iglesia Presbiteriana Unida en Charlotte, Carolina del Norte. Trabaja con la Fundación Presbiteriana como Líder de Relaciones Ministeriales (MRO) para la Región Este, y reside en Harrisburg, Carolina del Norte, con su esposa, Mónica.

A lo largo de 2026, estos artículos mensuales se enfocarán en algunos de los aspectos fundamentales del servicio de las personas ordenadas como ancianas gobernantes y del liderazgo espiritual en la Iglesia Presbiteriana (EE. UU.).

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