Daily Readings
October 1, 2021
*Two different lectionary systems are provided above: the two-year Daily Lectionary (cycles 1 and 2) and the three-year Revised Common Lectionary (cycles A, B, and C).
Morning
Salmos 84; 148
First Reading
2 Reyes 19:1-20
Second Reading
1 Corintios 9:16-27
Gospel Reading
Mateo 8:1-17
Evening
Salmos 25; 40
Morning Reading 1
Salmos 84
1 ¡Cuán hermoso es tu santuario,
Señor todopoderoso!
2 ¡Con qué ansia y fervor
deseo estar en los atrios de tu templo!
¡Con todo el corazón
canto alegre al Dios de la vida!
3 Aun el gorrión y la golondrina
hallan lugar en tus altares
donde hacerles nido a sus polluelos,
oh Señor todopoderoso,
Rey mío y Dios mío.
4 ¡Felices los que viven en tu templo
y te alaban sin cesar! Selah
5 ¡Felices los que en ti encuentran ayuda,
los que desean peregrinar hasta tu monte!
6 Cuando pasen por el valle de las Lágrimas
lo convertirán en manantial,
y aun la lluvia lo llenará de bendiciones;
7 Irán sus fuerzas en aumento,
y en Sión verán al Dios supremo.
8 Señor, Dios todopoderoso,
Dios de Jacob,
¡escucha mi oración! Selah
9 Mira, oh Dios, con buenos ojos
a aquel que es nuestro escudo,
a quien tú has escogido como rey.
10 ¡Más vale estar un día en tus atrios,
que mil fuera de ellos!
Prefiero ser portero del templo de mi Dios,
que vivir en lugares de maldad.
11 Porque Dios el Señor nos alumbra y nos protege;
el Señor ama y honra a los que viven sin tacha,
y nada bueno les niega.
12 Señor todopoderoso,
¡felices los que en ti confían!
Morning Reading 2
Salmos 148
1¡Aleluya!
¡Alaben al Señor desde el cielo!
¡Alaben al Señor desde lo alto!
2 ¡Alábenlo ustedes, todos sus ángeles!
¡Alábenlo ustedes, ejércitos del cielo!
3 ¡Alábenlo, sol y luna!
¡Alábenlo ustedes, brillantes luceros!
4 ¡Alábalo tú, altísimo cielo,
y tú, agua que estás encima del cielo!
5 Alaben el nombre del Señor,
pues él dio una orden y todo fue creado;
6 él lo estableció todo para siempre,
y dictó una ley que no puede ser violada.
7 ¡Alaben al Señor desde la tierra,
monstruos del mar, y mar profundo!
8 ¡El rayo y el granizo, la nieve y la neblina!
¡El viento tempestuoso que cumple sus mandatos!
9 ¡Los montes y las colinas!
¡Todos los cedros y los árboles frutales!
10 ¡Los animales domésticos y los salvajes!
¡Las aves y los reptiles!
11 ¡Los reyes del mundo y todos los pueblos!
¡Todos los jefes y gobernantes del mundo!
12 ¡Hombres y mujeres, jóvenes y viejos!
13 ¡Alaben todos el nombre del Señor,
pues sólo su nombre es altísimo!
¡Su honor está por encima del cielo y de la tierra!
14 ¡Él ha dado poder a su pueblo!
¡Alabanza de todos sus fieles,
de los israelitas, su pueblo cercano!
¡Aleluya!
First Reading
2 Reyes 19:1-20
1 Cuando el rey Ezequías oyó esto, se rasgó sus vestiduras, se puso ropas ásperas en señal de dolor y se fue al templo del Señor. 2 Y envió a Eliaquim, mayordomo de palacio, al cronista Sebná y a los sacerdotes más ancianos, con ropas ásperas en señal de dolor, a ver al profeta Isaías, hijo de Amós, 3 y a decirle de parte del rey: «Hoy estamos en una situación de angustia, castigo y humillación, como una mujer que, a punto de dar a luz, se quedara sin fuerzas. 4 Ojalá el Señor tu Dios haya oído las palabras del oficial enviado por su amo, el rey de Asiria, para insultar al Dios viviente, y ojalá lo castigue por las cosas que el Señor mismo, tu Dios, habrá oído. Ofrece, pues, una oración por los que aún quedan.»
5 Los funcionarios del rey Ezequías fueron a ver a Isaías, 6 e Isaías les encargó que respondieran a su amo: «El Señor dice: “No tengas miedo de esas palabras ofensivas que dijeron contra mí los criados del rey de Asiria. 7 Mira, yo voy a hacer que llegue a él un rumor que lo obligue a volver a su país, y allí lo haré morir asesinado.”»
8 El oficial asirio se enteró de que el rey de Asiria se había ido de la ciudad de Laquis. Entonces se fue de Jerusalén, y encontró al rey de Asiria atacando a Libná. 9 Allí el rey de Asiria oyó decir que el rey Tirhaca de Etiopía había emprendido una campaña militar contra él. Una vez más, el rey de Asiria envió embajadores al rey Ezequías de Judá, 10 a decirle: «Tu Dios, en el que tú confías, te asegura que Jerusalén no caerá en mi poder; pero no te dejes engañar por él. 11 Tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria con todos los países que han querido destruir. ¿Y te vas a salvar tú? 12 ¿Acaso los dioses salvaron a los otros pueblos que mis antepasados destruyeron: a Gozán, a Harán, a Résef, y a la gente de Bet-edén que vivía en Telasar? 13 ¿Dónde están los reyes de Hamat, de Arpad, de Sefarvaim, de Hená y de Ivá?»
14 Ezequías tomó la carta que le entregaron los embajadores, y la leyó. Luego se fue al templo y, extendiendo la carta delante del Señor, 15 oró así: «Señor, Dios de Israel, que tienes tu trono sobre los querubines: tú solo eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú creaste el cielo y la tierra. 16 Pon atención, Señor, y escucha. Abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha las palabras que Senaquerib mandó decirme, palabras todas ellas ofensivas contra ti, el Dios viviente. 17 Es cierto, Señor, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras, 18 y que han echado al fuego sus dioses, porque en realidad no eran dioses, sino objetos de madera o de piedra hechos por el hombre. Por eso los destruyeron. 19 Ahora pues, Señor y Dios nuestro, sálvanos de su poder, para que todas las naciones de la tierra sepan que tú, Señor, eres el único Dios.»
20 Entonces Isaías mandó a decir a Ezequías: «Esto dice el Señor, Dios de Israel: “Yo he escuchado la oración que me hiciste acerca de Senaquerib, rey de Asiria.”»
Second Reading
1 Corintios 9:16-27
16 Para mí no es motivo de orgullo anunciar el evangelio, porque lo considero una obligación ineludible. ¡Y ay de mí si no lo anuncio! 17 Por eso, si lo hiciera por propia iniciativa, tendría derecho a una recompensa; pero si lo hago por obligación, es porque estoy cumpliendo un encargo que Dios me ha dado. 18 En este caso, mi recompensa es la satisfacción de anunciar el evangelio sin cobrar nada; es decir, sin hacer valer mi derecho a vivir del anuncio del evangelio.
19 Aunque no soy esclavo de nadie, me he hecho esclavo de todos, a fin de ganar para Cristo el mayor número posible de personas. 20 Cuando he estado entre los judíos me he vuelto como un judío, para ganarlos a ellos; es decir, que para ganar a los que viven bajo la ley de Moisés, yo mismo me he puesto bajo esa ley, aunque en realidad no estoy sujeto a ella. 21 Por otra parte, para ganar a los que no viven bajo la ley de Moisés, me he vuelto como uno de ellos, aunque realmente estoy sujeto a la ley de Dios, ya que estoy bajo la ley de Cristo. 22 Cuando he estado con los que son débiles en la fe, me he vuelto débil como uno de ellos, para ganarlos también. Es decir, me he hecho igual a todos, para de alguna manera poder salvar a algunos. 23 Todo lo hago por el evangelio, para tener parte en el mismo.
24 Ustedes saben que en una carrera todos corren, pero solamente uno recibe el premio. Pues bien, corran ustedes de tal modo que reciban el premio. 25 Los que se preparan para competir en un deporte, evitan todo lo que pueda hacerles daño. Y esto lo hacen por alcanzar como premio una corona que en seguida se marchita; en cambio, nosotros luchamos por recibir un premio que no se marchita. 26 Yo, por mi parte, no corro a ciegas ni peleo como si estuviera dando golpes al aire. 27 Al contrario, castigo mi cuerpo y lo obligo a obedecerme, para no quedar yo mismo descalificado después de haber enseñado a otros.
Gospel Reading
Mateo 8:1-17
8:1 Cuando Jesús bajó del monte, mucha gente lo siguió. 2 En esto se le acercó un hombre enfermo de lepra, el cual se puso de rodillas delante de él y le dijo:
—Señor, si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad.
3 Jesús lo tocó con la mano, y dijo:
—Quiero. ¡Queda limpio!
Al momento, el leproso quedó limpio de su enfermedad. 4 Jesús añadió:
—Mira, no se lo digas a nadie; solamente ve y preséntate al sacerdote, y lleva la ofrenda que ordenó Moisés, para que conste ante los sacerdotes.
5 Al entrar Jesús en Cafarnaúm, un capitán romano se le acercó para hacerle un ruego. 6 Le dijo:
—Señor, mi criado está en casa enfermo, paralizado y sufriendo terribles dolores.
7 Jesús le respondió:
—Iré a sanarlo.
8 El capitán contestó:
—Señor, yo no merezco que entres en mi casa; solamente da la orden, y mi criado quedará sano. 9 Porque yo mismo estoy bajo órdenes superiores, y a la vez tengo soldados bajo mi mando. Cuando le digo a uno de ellos que vaya, va; cuando le digo a otro que venga, viene; y cuando mando a mi criado que haga algo, lo hace.
10 Jesús se quedó admirado al oír esto, y dijo a los que le seguían:
—Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe como este hombre. 11 Y les digo que muchos vendrán de oriente y de occidente, y se sentarán a comer con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, 12 pero los que deberían estar en el reino, serán echados a la oscuridad de afuera. Entonces vendrán el llanto y la desesperación.
13 Luego Jesús dijo al capitán:
—Vete a tu casa, y que se haga tal como has creído.
En ese mismo momento el criado quedó sano.
14 Jesús fue a casa de Pedro, donde encontró a la suegra de éste en cama y con fiebre. 15 Jesús tocó entonces la mano de ella, y la fiebre se le quitó, así que ella se levantó y comenzó a atenderlo.
16 Al anochecer llevaron a Jesús muchas personas endemoniadas; y con una orden expulsó a los espíritus malos, y también sanó a todos los enfermos. 17 Esto sucedió para que se cumpliera lo que anunció el profeta Isaías, cuando dijo: «Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades.»
Evening Reading 1
Salmos 25
1 A ti, Señor, elevo mi alma.
2 Dios mío, en ti confío;
no permitas que quede confundido,
ni que mis enemigos se alegren de mí.
3 No dejen que se avergüencen los que en ti esperan;
se avergüencen los que sin motivo actúan con deslealtad.
4 Enséñame, Señor, tus caminos;
hazme conocer tus sendas.
5 Guíame con tu verdad y enséñame,
porque tú eres Dios, mi Salvador,
y en ti espero todo el día.
6 Recuerda, Señor, tu misericordia y tu amor fiel,
que son desde tiempos antiguos.
7 No recuerdes los pecados de mi juventud ni mis rebeldías;
por tu amor, acuérdate de mí, Señor, por tu bondad.
8 Bueno y recto es el Señor;
por eso enseña a pecadores el camino.
9 Guía a los humildes por el camino recto,
y enseña su senda a los humildes.
10 Los caminos del Señor son amor y fidelidad
para quienes guardan su pacto y sus mandamientos.
11 Por amor a tu nombre, Señor,
perdona mis culpas, que son muchas.
12 ¿Quién teme al Señor?
Él les enseñará el camino que deben elegir.
13 Vivirán tranquilos,
y sus descendientes heredarán la tierra.
14 El Señor es amigo de quienes le temen,
y les muestra su pacto.
15 Mis ojos están siempre puestos en el Señor,
porque él sacará mis pies de la trampa.
16 Vuélvete hacia mí y ten compasión,
porque estoy solo y afligido.
17 Alivia mi tristeza,
y sácame de mis angustias.
18 Considera mi sufrimiento y mis dolores,
y perdona todos mis pecados.
19 Mira cuántos enemigos tengo,
y cómo me odian con odio violento.
20 Guarda mi vida, sálvame;
que no quede confundido, porque en ti me refugio.
21 Que la integridad y la rectitud me protejan,
porque en ti espero.
22 Sálvanos, Dios de Israel,
de todos sus problemas.
Evening Reading 2
Salmos 40
1 Puse mi esperanza en el Señor,
y él se inclinó para escuchar mis gritos;
2 me salvó de la fosa mortal,
me libró de hundirme en el pantano.
Afirmó mis pies sobre una roca;
dio firmeza a mis pisadas.
3 Hizo brotar de mis labios un nuevo canto,
un canto de alabanza a nuestro Dios.
Muchos, al ver esto, se sintieron conmovidos
y pusieron su confianza en el Señor.
4 ¡Feliz el hombre que confía en el Señor
y no busca a los insolentes,
que no siguen a los que adoran a dioses falsos!
5 Señor y Dios mío,
muchas son las maravillas que tú has hecho
y las consideraciones que nos tienes;
ninguna se compara contigo.
Si quisiera anunciarlas y hablar de ellas,
serían más que se puedan contar.
6 No quieres sacrificios ni ofrendas,
pero me has abierto el oído.
No has pedido holocaustos ni ofrendas por el pecado.
7 Entonces dije: "Aquí estoy,
escrito está de mí en el libro."
8 Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío;
tu ley está en mi corazón."
9 He dado a conocer las buenas nuevas de la liberación
en la gran congregación;
no he reprimido mis labios,
como bien sabes, Señor.
10 No he ocultado tu salvación en mi corazón,
he hablado de tu fidelidad y tu salvación;
no he escondido tu amor ni tu verdad
de la gran congregación.
11 No me niegues, Señor, tu misericordia;
que tu amor y tu fidelidad siempre me protejan.
12 Porque muchas calamidades me han rodeado,
demasiadas para contarlas;
mis iniquidades me han atrapado,
y no puedo ver;
son más que los cabellos de mi cabeza,
y mi corazón desfallece.
13 Señor, ten piedad, líbrame;
Señor, apresúrate a ayudarme.
14 Que sean avergonzados y confundidos
los que intentan quitarme la vida;
que huyan y se avergüencen
los que quieren hacerme daño.
15 Que se turben de vergüenza
los que me dicen: "¡Ja, ja!"
16 Pero los que buscan al Señor
se regocijan y se alegran en él;
los que aman tu salvación
digan siempre: "¡Grande es el Señor!"
17 Yo, en cambio, estoy pobre y necesitado,
pero el Señor piensa en mí.
Tú eres mi ayuda y mi libertador;
no tardes, Dios mío.
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